¡Las chicas tienen piernas y cómo juegan!

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Iriarte entrega un ramo de flores a la jugadora francesa Dupont del Olympique de Biarritz.

Entre los deportes permitidos para la práctica femenina se encontraba el baloncesto. Un juego considerado grácil, de poco esfuerzo aeróbico y muscular y por entonces sin demasiado contacto. Así pensaban. No resulta demasiado difícil, por tanto, encontrar la razón por la que este deporte empezó con el rechazo masculino en Álava, (les llamaban maricones a quienes jugaban). Desde que la Sección Femenina se hiciera cargo de la gestión y organización del Deporte femenino, allá por 1939, una de las cuestiones que se cuidaba desde sus circulares era la obligatoria vestimenta para para práctica del deporte. Pero no cualquier deporte. Las mujeres no podían jugar a nada que pudiera dotarlas de algún comportamiento considerado masculino o que pudiera dañar es función “divina” de la procreación. Así pensaban. Estaba todo muy reglamentado (en algunos casos se regulaba hasta la forma de la bolsa con la que acudir a los partidos).  

A mediados de siglo, nuestras jugadoras seguían al pie de la letra las reglas y códigos de vestimenta necesarios para practicar su deporte favorito. El uniforme de juego debía consistir en un pichi – pololo, inventado por la propia Sección Femenina, que debía morir cuatro dedos más abajo de la rodilla. Quizá cinco si se descosía el dobladillo pero nunca tres. Por aquello del recato. El baloncesto no debía servir de excusa para llevar trajes escandalosos. Estamos concretamente en 1954, la comunidad femenina baloncestista vitoriana se reducía prácticamente a dos equipos. Uno era el Goyena, dentro del club de montaña del mismo nombre y el otro, el Excelsior, equipo perteneciente a San Pedro y que se entrenaban en La Blanca, perteneciente a la parroquia.  Empachadas de enfrentamientos entre ambas, esperaban pacientemente a que la Federación Alavesa de Baloncesto, formada 3 años atrás, les organizarse algún partido interprovincial en el que medir su competencia. 

El partido llegó y no fue interprovincial, fue internacional, contra el Olympique de Biarritz.  El domingo 25 de 1954, se presentaron en el Frontón Vitoriano los equipos masculino y femenino de la localidad francesa con cuatro campeonatos de Francia a sus espaldas. La cita, la primera internacional en Vitoria, era de tal magnitud que se dispuso de megafonía en el Frontón Vitoriano.

Las jugadoras del Excelsior se habían reforzado con la mítica Soledad López de Lacalle “la Coletas”, campeona de Eespaña de balonmano y miembro del equipo alavés de primera división nacional de la Sección Femenina. Se esperaba un partido incierto pero competido. Los asistentes al encuentro rompieron a aplaudir cuando aparecieron las chicas francesas sobre la cancha. Fue una sorpresa. Calentaban ataviadas con una camiseta de manga corta con el número impreso en el pecho y un culote que dejaba expuesto más de medio muslo. La audiencia masculina recibió las alineaciones en el centro del campo una gran ovación hacía la simpatía y la belleza de las francesas (así lo decía el periodista CESTO en su información del Pensamiento Alavés) Algunas jugadoras del Excelsior, me han confesando que  sintieron una ola de envidia al no poder llevar esa prenda que, no sólo favorecía mucho más que el pichi obligatorio, sino que resultaba más cómodo para la práctica del baloncesto.

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El Excelsior anotó 22 puntos, insuficientes para vencer a los 55 que anotó el equipo galo.

Las francesas no sólo enseñaron pierna sino que demostraron mucha más técnica y  arrasaron a las alavesas por 55 a 22.  Entre las participantes alavesas,  Arregui (8), Iriarte (2), Herrero, Urdinguio(8), Sole Lacalle (4), Iglesias, Carmela, Antonia y Juanita que  fueron las que formaron con falda por debajo de la rodilla. Las francesas lo hicieron con Dupont, Giraud, las hermanas Figue, y Meunier. El partido ayudó a la generalización del baloncesto femenino dado que, acudía más público cuando se programaba un encuentro de féminas que si no se hacía, antes del correspondiente al campeonato provincial masculino.

No obstante tuvieron que pasar 3 temporadas más para que un equipo vitoriano se pusiese un culote para jugar. Fueron las chicas del IMOSA, industria del Motor SA, lo que se conocía como la DKW. Eso ocurrió en la 1957-58. Una temporada en la que ocurrió otra cosa de impacto para el basket femenino pero eso será parte de la  próxima entrega. Por cierto, los chicos ganaron por 49 a 29, con los hermanos Llano anotando 24 puntos.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Julen dice:

    Muy bueno Roberto, sigue buceando por ese pasado del deporte y dando a luz noticias como estas.

    Le gusta a 1 persona

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